Alrededor de la mesa

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on pinterest

¡Cuántas veces la comida ha sido la mejor de las disculpas para juntarnos con nuestros seres queridos alrededor de una mesa!

Algo tan simple como una botella de vino, un trozo de pan y un poco de queso, puede hacer que pasemos una tarde compartiendo, no solo un brindis, sino vidas e historias.

Estamos hechos de momentos, de miradas y de suspiros, de un cerrar los ojos mientras saboreamos un buen vino, y de una sonrisa agradecida mientras degustamos los manjares de la tierra.

¡Cuántas risas se han cocinado en un puchero y cuántas lágrimas han regado una buena tortilla española!

No concibo una comida en solitario, no soy capaz de sentarme en una mesa a comer, si no es con alguien enfrente, ¡y si somos más de un par, mucho mejor!

¡Qué cierto es, que lo que más se valora, es lo que ya no se tiene! Por eso, en la situación actual en la que nos encontramos, la ausencia de comensales alrededor de nuestra mesa, se ha vuelto algo ya rutinario, pero no por ello aceptado. ¡Como echamos de menos las comidas con amigos, las cenas con la familia, el compartir el mismo vino en el mismo vaso si hacía falta!

¿Dónde han quedado esos brindis, haciendo piña todos abrazados, alzando las copas a la vez que echábamos al viento nuestra particular entonación de la canción del verano?

¿Dónde fueron aquellos besos, al inicio de las comidas, aunque nos hubiéramos visto el día anterior, con el aperitivo en la mano, alrededor de una barbacoa?

¿Dónde se esconden las sobremesas de un café de puchero, con esa tarta de la abuela presidiendo la mesa y atesorando historias repetidas y ya conocidas, pero que no nos cansamos de escuchar una y otra vez, entre risas, pañuelos y añoranza por los años pasados?

El tiempo se detuvo hace meses en un plato de lentejas duras, en una tarta con las velas sin soplar, en un vermut con los hielos desechos, en una tortilla sin cuajar.

Porque no tuvimos tiempo de amasar esta situación, de hornear esos besos imperfectos, de reposar esos momentos que no parecían tan especiales, hasta ese día que todo se quedó helado, petrificado, paralizado, y descubrimos que cualquier momento era especial, ahora, en este preciso instante, ya.

Y no vemos el día en el que compartir una mesa para 10 sea posible, porque ahora no podemos juntamos; que dejemos la huella del pintalabios en un vaso de cerveza, porque ya ni nos pintamos la sonrisa que no se ve; que se nos caiga un trozo de pan y digamos la tan conocida frase “lo que no mata engorda” y nos lo comamos sin pensar en nada más que continuar disfrutando de una buena comida, de una buena charla y de una mejor compañía.

Porque no vemos el día de que esto termine….

Pero tenemos que tener esperanza y pensar que pronto disfrutaremos alrededor de la mesa, como antes, ¡incluso mucho mejor! Porque ahora valoramos más que nunca una cerveza con amigos, un café en una terraza, y una buena comida, y sobre todo, una buena compañía que aderece cualquier plato.

¡Alzo mi copa y brindo porque llegue el día en el que todos seamos felices y, alrededor de una mesa, comamos perdices!

María De Rafael Daza

María De Rafael Daza

Redactora de contenidos en Hostelería Castilla y León

Si te ha gustado el artículo compártelo

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on pinterest

Deja un comentario

OTROS ArtículoS

Newsletter

El directorio